Parto inducido: causas y procedimientos

Si el embarazo no llega a término con un parto de manera natural, es posible que tenga que llevarse a cabo un parto inducido.

Parto inducido: causas y procedimientos
Existen varias causas por las que inducir el parto

El parto inducido es aquel que se provoca con medicación u otras técnicas artificiales en caso de que el personal médico lo considere necesario. Por ejemplo, en caso de que el trabajo de parto no avance, el personal médico recurre a diferentes técnicas para acelerar o aumentar las contracciones.

Por lo tanto, si los riesgos de prolongar el embarazo son más altos que los de dar a luz al bebé de manera inmediata, lo más probable es que se recomiende inducir el parto.

 

Casos en los que se puede llevar a cabo el parto inducido


Parto inducido

Hay algunos casos de embarazos en los que es recomendable o necesario un parto inducido. A continuación te contamos cuáles son:

  • En caso de preeclampsia, una complicación grave del embarazo que causa algunos problemas como hipertensión arterial y daños en los riñones, y que puede poner en riesgo tu salud, y disminuir el riego sanguíneo que le llega al bebé.
  • En caso de que en el embarazo anterior embarazo el bebé hubiera nacido sin vida.
  • En caso de que exista una enfermedad aguda o crónica que suponga una amenaza para la salud de la madre o para la del bebé. Algunas de estas enfermedades pueden ser la diabetes, la hipertensión arterial o una afección en los riñones.
  • En caso de que el embarazo dure una o dos semanas más de la fecha prevista de parto. Los especialistas suelen recomendar no esperar mucho más para inducir el parto, ya que podría implicar más riesgo de complicaciones para el bebé. Como por ejemplo, el envejecimiento en la placenta, que puede provocar que el bebé no reciba ni el oxígeno ni los nutrientes necesarios.
  • En caso de que la madre haya roto aguas pero el parto no haya comenzado por sí solo. En el momento en el que se rompe aguas, el riesgo de infección aumenta tanto para la madre como par el bebé. Por esto, el personal médico se encarga de evaluar la situación teniendo en cuenta riesgos y beneficios, y decidirá si lo mejor es esperar a que el parto comience por sí solo, o si será necesario inducirlo. En el caso de bebés prematuros, lo más normal es evitar el parto inducido.
  • En caso de que el estado de la placenta no sea el adecuado y esta no funcione como debería, debido a la escasez de líquido amniótico. También puede ser que el bebé no se esté desarrollando o creciendo como debería.

 

Cómo se lleva a cabo el parto inducido


El parto inducido puede llevarse a término de maneras diferentes. La forma más conocida de hacerlo es con oxitocina, una hormona que se encarga de la estimulación parto y que es administrada por goteo.

La oxitocina provoca el inicio o aumento de las contracciones para así dilatar el cuello del útero y conseguir una mejor exploración. En el momento en que se consigue la dilatación necesaria, se lleva a cabo la inyección de la epidural y, pasado un tiempo razonable, acaba la dilatación, finaliza el expulsivo y se da a luz.

La segunda forma de inducir el parto es cuando el cuello uterino de la mujer no consigue la dilatación necesaria para poder dar a luz sin complicaciones. En los casos en los que esto ocurre se puede hacer necesaria la aplicación de un gel de prostaglandinas, un fármaco precursor de la oxitocina. Su función es ablandar y modificar el cuello del útero para poder aplicar después la oxitocina.

Otro método es despegar o desprender las membranas, es decir, si el cuello uterino ya está algo dilatado, el médico puede introducir el dedo para separar con la mano el saco amniótico de la parte baja del útero. Esto puede ayudar a la maduración del cuello uterino y a la estimulación de las contracciones.

 

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