Contracciones en el embarazo: cómo diferenciarlas

Las contracciones en el embarazo o las contracciones preparto son aquellas que se producen principalmente en la última etapa, y preparan el cuerpo de la futura mamá para el parto. Te contamos qué son exactamente y cuáles son sus características.

Contracciones en el embarazo: cómo diferenciarlas
Pon atención a los mensajes de tu cuerpo

Las contracciones en el embarazo, o también conocidas como contracciones preparto, falsas o de Braxton Hicks, tienen un sentido: preparar el cuerpo y entrenar el cuello del útero para el momento en que llegue realmente el parto.

Dependiendo de la frecuencia, la duración y la intensidad de las contracciones se valorará si el parto ha empezado o no. Por ello, conocer cómo son las contracciones en el embarazo y las contracciones de parto te ayudará a saber si realmente debes acudir al hospital o no.

 

¿Qué debes saber sobre las contracciones en el embarazo?


A la hora de dar a luz, cada mujer es especial, por lo que hay algunas mujeres que apenas sienten las contracciones de parto y otras que sufren durante varios días contracciones en el embarazo, antes de que vaya a desencadenarse el parto.

Sea como sea, el caso común a todas es que para que el parto natural se produzca tiene que darse una dilatación del cuello uterino, y esta es causada por las contracciones.

 

¿Qué son las contracciones?

Contracciones en el embarazo

Durante el embarazo, el feto se aloja en el útero, un músculo que tiene forma de bolsa y que está formado por células musculares que se contraen de manera involuntaria. Debes saber que no puedes hacer nada para controlarlas, cuando aparezcan solo te quedará esperar a que el dolor pase.

La contracción del útero es sensible a los cambios hormonales durante el embarazo, es por ello que pueden darse contracciones en el embarazo.

En el organismo de la mujer se dan dos cambios principales que hacen que se produzca la contracción:

  • El que tiene que ver con los niveles de progesterona, que se reducen poco a poco lo que da lugar a las contracciones uterinas. Además, en el mismo momento, aumentan los niveles de estrógenos, lo que favorece también las contracciones.
  • El que tiene que ver con la oxitocina y las prostaglandinas. La oxitocina, también conocida como la hormona del parto, facilita la entrada de calcio (mineral esencial en la contracción muscular) en las células musculares. Las prostaglandinas también favorecen las contracciones.

 

¿Cuándo y cómo pueden aparecer las contracciones en el embarazo?

El útero se entrena para la llegada del parto gracias a las contracciones en el embarazo (o contracciones Braxton Hicks). Estas se dan a partir de la semana 20 del embarazo, cuando el útero contrae sus músculos para prepararse para las contracciones reales que servirán de ayuda al bebé en el momento del parto.

Así, con estas contracciones, se empiezan los procesos de borramiento del cuello uterino o cervical, y se ayuda al parto antes de que empiece de verdad.

Podríamos hablar entonces de una primera fase del parto, la de dilatación, latente o precoz. Esta consiste en el ablandamiento del cuello uterino, llegando hasta los 3 o 4 centímetros.

En las últimas 10 semanas del embarazo, el útero incrementa su tamaño sutilmente en mayor medida que el feto, esto producirá contracciones con mayor frecuencia. Todo ello, provoca una mayor laxitud en la pared del útero que origina más secrección de oxitocina en el hipotálamo, lo que desencadena un crecimiento lento pero progresivo de la actividad del útero.

Como ya sabes, otro factor importante son las hormonas prostaglandinas, que se liberan con la rotura de membranas y que son importantes para el comienzo de las primeras contracciones de parto. Estas contracciones ayudarán a empujar al feto por la parte baja de la pelvis hacia el cuello del útero.

 

¿Cómo son estas contracciones?

  • Tensión en el abdomen, sin dolor y de poca duración.
  • Suelen darse al final del día y son irregulares.
  • Puedes sentir sensación de dolor tipo la menstruación o un calambre.
  • Pueden notarse a partir de la segunda mitad del embarazo, pero no tienen porque ser claramente perceptibles hasta el final, cuando aumentan.
  • Aunque no sean intensas pueden provocar algunas molestias.

 

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